Síndrome de Estocolmo

El Síndrome de Estocolmo describe un conjunto de mecanismos psicológicos a través de los que podemos formar un vínculo afectivo de dependencia como víctimas hacia nuestros secuestradores, o maltratadores, asumiendo las creencias que emplean los responsables del daño para privarnos de nuestra libertad.

El Síndrome de Estocolmo es un fenómeno psicopatológico que carece de entidad diagnóstica propia no aparece en los principales sistemas diagnósticos que utilizamos los profesionales sanitarios.

En este síndrome aparece una identificación inconsciente que a veces se hace consciente, hacia el agresor, caracterizada por complicidad y en ocasiones estados emocionales afectivos de dependencia. No ocurre en todos los casos, pero según distintas investigaciones podemos hablar de alrededor de un 20-10% de las víctimas que lo desarrollarían.

¿Cómo podemos explicarlo?

Muchos investigadores argumentan que el Síndrome de Estocolmo puede ayudar a explicar las conductas que han tenido supervivientes de algunas situaciones dramáticas (maltrato, niños abusados, incesto, víctimas de guerra, campos de concentración, acoso prolongado, integrantes de sectas, prostitución). Podría actuar  como un mecanismo de defensa ante agresiones o depravaciones muy severas, donde para poder encontrar algún sentido (por paradójico que parezca) desarrollan lazos afectivos donde de alguna manera les exculpan. Esto aparece en mi opinión con más frecuencia en vínculos significativos (abuso, incesto) o en relaciones opresoras a largo plazo.

Se ha acuñado otro término “Síndrome de identificación de supervivencia”, donde la víctima se aferra a pequeños gestos humanitarios, como permitirlas ir al baño, alimentarlas, expresiones de carácter protector o emocional (“no te va a pasar nada, te garantizo que saldrás bien de aquí, eres especial”, etc.) desarrollando un vínculo emocional donde identificarse con el agresor o agradecerle que no vaya a mayores la depravación.

Hay que tener en cuenta que estas situaciones traumáticas provocan en las víctimas altísimos niveles de angustia, temor, pánico, dolor y generalmente no hay salida, tienen que aceptar el sometimiento. Son pocas las alternativas que tienen, salvo psicológicamente, aceptar la situación, y desarrollar un síndrome de Estocolmo para paliar de alguna manera el daño.

En el proceso de psicoterapia, sea cual sea la situación traumática, hay que distinguir si se ha desarrollado un síndrome de Estocolmo que pueda estar distorsionando la realidad, para poder explicar el mecanismo que está llevando a cabo el paciente para defenderse o para defender a otros. El estudio a profundidad del vínculo generado con el agresor quizá pueda ser explicado en la historia de vida del sujeto, o pueda incluir un nuevo patrón conductual ante situaciones dramáticas.

Estas categorías para organizar la información son de carácter meramente descriptivo y ayudan a la comunicación, pero pueden actuar como etiquetas. No tengo ninguna duda respecto a que las personas actuamos y desarrollamos sintomatología porque tenemos una razón para ello, por lo tanto, mi forma de trabajo considerará siempre las particularidades de la historia de vida de cada individuo, familia o pareja, con el objetivo de comprender qué sentido tienen, y sólo desde ahí poder resolver.

Psicologo Madrid Barrio Salamanca – Avenida de América y Collado Villalba